Manzanas podridas
Una bruja pequeña
te hizo ver manzanas podridas
en mis senos enhiestos
y en mis ojos azules dos lagunas muy negras.
Era mi hermana enferma que te llevó
a su lado y con sus manos te blancas
te ofreció pólvora negra
y morfina asesina, roció
de ácido agrio tu tierna garganta.
Hizo que vieras manzanas podridas
en mis senos pequeños y tiesos,
asquerosos gusanos en mis enamorados
labios y una trampa, una celda, un viejo
confesionario de tus tiempos de escuela,
en mi gruta anhelante porque tú la llenaras.
Te hizo tragar pastillas de todos los colores,
y una cruel madrugada tu corazón se paró
en una calleja sin nombre, sin pasos ni sombras:
el infierno soñado por mi pequeña hermana.
Te veo, mortaja, blanco de cal, desventrado,
en esa mediatarde, en que los rayos de sol
pasan a ras de nuestras cabezas: ella llora,
yo me aguanto la rabia, tú... te pudres ya.









